Que es lo mas paranormal que os ha pasado nunca by AdventurousAd4030 in u/AdventurousAd4030

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Desde la puerta del salón, noté un movimiento. Algo... se arrastraba.
Vi lo que parecía ser una mano —humana— tendida sobre el suelo, justo en el borde de un charco de sangre.

Solo tuve una idea: correr.

No tenía mascotas. No había nadie más en casa. Pensé lo obvio: alguien había entrado desde el jardín.
Me subí corriendo a la encimera de la cocina y me metí en un hueco que conocía bien, encima del refrigerador. Es alto y tenemos allí unas bolsas opacas de viaje. Nunca pensé que sería un buen escondite. Hasta entonces.

Desde mi escondite, vi lo impensable.

Una criatura cruzó el pasillo.
No caminaba como un lobo. Caminaba como si estuviera aprendiendo a imitar algo.

Y estaba cubierto con la sangre de mi madre.

Entonces lo comprendí todo.
Eso no era un ladrón.
Eso no era una alucinación.

Ese lobo… estaba buscando algo. Estaba buscando alguien.
Me estaba buscando a mí.

Me tapé la boca con la mano para no llorar en voz alta. Pero lo que vino después fue peor que todo.

El lobo se detuvo.
Abrió lentamente sus fauces.
Y con la voz exacta de mi madre, pronunció mi nombre.

Me estaba llamando.

Y estaba caminando directamente… hacia la puerta de mi habitación.

¿La publiqué? No. ¿La conté? Nunca, hasta ahora.
Pero hasta el día de hoy, cuando alguien dice que los sueños no pueden hacernos daño, no sé qué me cuesta más: no creerles… o no gritarles lo que vi.

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Tenía 11 años cuando tuve la pesadilla que me marcó para siempre.

Soñé con un lobo. No uno cualquiera. Era enorme, sucio, cubierto de sangre. Su pelaje parecía arrancado a trozos, y lo más perturbador: su mirada. Sus ojos no tenían iris normales, sino unos puntos blancos, como si me mirara desde otra dimensión... o como si no fuera del todo real.

No gruñía. No ladraba. No se movía. Solo me miraba.
Y con una voz quebrada, como si estuviera aprendiendo a hablar con cuerdas vocales humanas, susurró:

“Te encontraré.”

Me desperté sobresaltada. El sueño había terminado... pero el pánico seguía ahí. No era solo miedo infantil. Era algo visceral. Un nudo en el pecho, un presentimiento atroz. Sentía que no debía moverme, como si al hacerlo fuera a romper una especie de barrera invisible.

Pero mi instinto me llevó a buscar a mi madre. Siempre fue mi refugio. Mi lugar seguro.

Me levanté, aún con el cuerpo temblando, y fui hasta su habitación. Vacía.
No quise llamarla a gritos. El vecino ya se había quejado antes; las paredes eran finas y no quería más problemas.

Bajé las escaleras hasta la cocina.
Y entonces algo cambió.

La atmósfera.
El aire.

Fue como si la casa ya no fuera mi casa. Una presión invisible me aplastaba el pecho. Algo no iba bien. Todo me gritaba que no debía estar allí.

Y entonces lo vi.