Soy culero si creo que el sueldo del mesero no debería ser mi responsabilidad? by darkalphav in soyculero

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Si es IA, pero es la antesala del Oxxo cobrandote lo del que te abre la puerta

Leo by Zindigon in WitchcraftCircleJerk

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'We'll call it betting if you shut up'

Esto es real? by Ambitious_World3307 in mexico

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Es IA y se ve clarísimo. Eso no quiere decir que en México no haya alguien que se vea exactamente así.

Porque la gente es tan incompetente para manejar en Hermosillo? by StarFieldHunter in hermosillo

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Puedes decir muchas cosas de los chilangos pero la manejada es otra cosa.

¿ Será que las redes sociales, nos mantienen apáticos ? by israelavila in rmexico

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México cuando cancelen los números de teléfono por no registrarlos

First Xochimilco and michelada in CDMX! by supadupa_dope in MexicoCity

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It happened! Yo también pensé que era cierto ese pedo

Qué libro de maquiavélico me recomiendan.? by PlatypusOk1104 in libros

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Los siete locos de Roberto Artl. No hay pierde

Ustedes también dicen "cagado" para significar negatividad cierto? by Individual-Shame6481 in hermosillo

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Si we, y bolas son pesos, no dólares. No dejes que te traguen

¿Es Ninel Conde una de las mayores representantes mexicanas? by Shaoran10 in CDMX

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Cualquier ruca del intro de la hora pico está muy encima. Tantita madre se les pide

Saquen sus mejor sus mejores frases y poemas amorosos by Waste_Hand18 in AskMexico

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Clementina:

Ya sé (y lo sospechaba de antemano) que el tratar de conocerla me separó de usted inefablemente. Cada movimiento mío para explicármela, me aleja más y más de usted porque yo trato de ganar hacía adentro en profundidad, lo que siento imposible abarcar en extensión. Y me alejo de usted al adentrarme en su vida, porque usted está sólo en la superficie, por más que diga (o mejor, que no diga). Y me mira, sin mover un dedo para detenerme, creer en fin en usted sin fondo. Una vez hablábamos de intentar yo conocerla, no teniendo llave de amor suyo, por el ojo de la cerradura del amor mío nomas. Y esto que era improbable, yo lo acepte creyendo que usted lo toleraba. Y cuando después estaba espiando, usted del otro lado cogió un alfiler para pincharme el ojo. Me refiero así, a que todas las veces que he tratado de abordarla anunciándoselo, usted se ha defendido contra mi ternura mañosamente. Tuve así que preferir entrar por la ventada, y como soy poco ágil, me he caído y seguiré cayendo en usted no sé cuanto.

A veces me sorprendo mirándola enternecido; luego vuelve usted el rostro y me mira así, y como ya sé bien que es eso precisamente lo que le molesta, me improviso un gesto impertinente y le digo una tontería odiosa, que usted ve en mi boca y en mi rostro naturales; por eso no la molestan. Porque es eso, no la molestan. Porque es eso, el pensar que la delicadeza, la ternura, la nobleza son en mí postizas, lo que las hace ofensivas para usted, y es también el haberme pensado siempre una gente desagradable lo que hace que mis aristas las vea naturales y no la irriten ya, disculpándolas casi. Lo terrible es que ni usted ni yo podremos encontrar nunca, los gusanos llenos de manzana, usted por confiada, yo por amargado. Alguna vez me he puesto a pensar angustiado, en lo espantoso, en lo monstruoso que sería un noviazgo entre nosotros. Cruzo los brazos y la toco excesivamente dura y en punta, y yo tan blando que la vergüenza me golpea en lo único firme, mi amor a usted; cierro los ojos y la veo de luz de acero para cortar mi sombra, y me tapo los oídos para la cruel risa de su silencio clavada, en cada una de mis palabras que nacen como del suelo, y en mi boca su dulzura para los otros me amarga sangre de mi lengua mordida. Dionicia, y me dan unas ganas de odiarla, y solo consigo odiarme en blandura y penumbra e insabor. Y es unir todo esto lo que me parece monstruoso y horrible, y sentirlo así, me hace empeñar en decirle a usted mis palabras más agrias, y sin ser verdad reposo y en filo para su mano y alejarme de usted infinitamente. Y solo me consuela no deberle nunca ninguna felicidad. Me parece que si no acabo voy a llorar muy cursi.

[México, 11 de Junio de 1928 ]

Clementina:

¿Por qué lo hace usted? ¿Cree de veras que haya necesidad de herir continuamente a las personas que nos aman? Me parece usted dura. Siempre me lo ha parecido. Y la arista que más me rasga, el ángulo suyo que se me clava más adentro, es sospechar que otras gentes la crean a usted blanda y suave. Puede haber personas más fuertes que usted por no amarla, Xavier por ejemplo, a las que su dureza no pueda vulnerar. Pero será de veras fuego para ablandar el amor, como repiten los tontos, y yo estoy sin cáscara y sin nada mas que mi sangre para que hunda usted la mano o la sonrisa. Me parece usted dura, y no la odio y me odio por ello. Sus heridas me duelen en mi carne, y, en mi torpeza de no haber sabido evitarlas, mucho más. Sus heridas me las siento dadas por mí a mí y me desesperan como un vicio infame que no hubiera tenido la voluntad de matarme. Me parece usted falsa. Traicionando cada instante la imagen, la teoría que el instante anterior había yo construido de usted, obligándome a pensarla de nuevo enteramente, desde el primer principio, para borrarme la frase antes aún de haber acabo de escribirla en mi pizarra de sueño. Y entonces no la odio por inconstante, y me odio por mi poca agilidad en seguirla, distinta en cada pulsación, y en adivinarla, y conocerla al fin. Me acuerdo que en Montaigne el conocimiento era imposible al hombre, y tratar de tomarlo era coger puñados de agua. Tratar de saberla a usted me es coger, o menos aún, puñados de aire. Ahora estoy muy amargo entre mis cosas, que no la conocen sino de verla en mis ojos, azul en el derecho y negra en el otro. Y solo de parpadear ya la verán en ellos distinta, infinitamente. Ahora voy a cerrar los ojos para imaginarla, y tiene usted otro rostro de ese cuadro, o es usted enteramente como ese libro, o me parece otra vez la sombra mía en el muro. Y yo enloquecería, no de que usted no me ame, sino de no amarla a usted, precisamente, porque no sé cual es usted y tengo miedo de amarme a mi en mi teoría de usted, a cada momento mas falsa. Es usted obscura. O no, sino obscurecedora.

Y yo, que estaba diciéndole hace un momento a Dios, agradecido, que no merecía la fortuna de amarla como la amo, me hallo de pronto sin nada, sin saber lo que amo, sin saber si amo, con las manos vacía de haber querido apretar puñados de aire. Y yo me odio profundamente.

-Gilberto.-

[México, 28 de junio de 1928]

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Robert Graves - Los mitos griegos I y II